Tercera llamada: autorretratos en escena

azuela-mirada-fotoFrancisco Franco inició su carrera como director teatral, en los años ochenta y noventa montó varias obras que tuvieron su mérito e hicieron época . En 2007 empezó a hacer películas. En mancuerna con María Reneé Prudencio escribió un melodrama adolescente e intimista, Quemar las naves, que sugirió los alcances temáticos de su cine.

Quemar las naves es una historia hermosa, ejecutada con la torpeza de un teatrero que aún no acaba de entenderle al cine: Sebastián y Elena son hijos de Eugenia, cantante pop en decadencia que se ha recluido en la ciudad de Zacatecas para vivir sus últimos días (está enferma de cáncer). Los hijos son unos ñoñazos que no tienen la menor idea de qué hacer con sus vidas cuando muere su madre. Y la película es hermosa porque habla del miedo a crecer, del arrojo para tomar oportunidades, de la ansiedad que causa atisbar que la vida puede pasar sin pena ni gloria si uno no se lanza a vivir las experiencias, incluso con el dolor que implica. Irene Azuela mantiene una contención enojona intensa que obliga a no quitarle los ojos. Tres secuencias de cantar, atender a la madre y celar al hermano le bastan para dar tono de gran actriz. Pero la torpeza de Franco está en la formación teatral: Quemar las naves peca de diálogos recitados con vehemencia y trazos escénicos que no parecen saber que lo que acá se mueve es la cámara, como si la historia se contara en las tablas y no en un set. Quemar las naves queda en ese extraño limbo de pelis no logradas pero emotivas. Se ha ido haciendo de culto y sorprende cuántos la han topado de casualidad en la tele -es de esas películas que nadie cree que valdría la pena rentar o torrentear- y se han asombrado de su enorme capacidad de conmover.

En Tercera llamada (2013) repite como coescritora María Reneé Prudencio y arriesgan hacia la comedia lindante a la farsa. Retoman una obra de teatro que gidi-fanny-y-alexanderFranco escribió con Ignacio Guzmán, Calígula probablemente, en la que el montaje de la obra Calígula, de Albert Camus, se complica por las indecisiones de la directora y los variados conflictos de los actores. En Tercera llamada Franco consigue un casting apantallante, pero sobre todo diseñado con inteligencia: actores de formación teatral (Ricardo Blume, Fernando Luján, Rebeca Jones, Mariana Treviño, Karina Gidi), otros más fogueados en el cine (Irene Azuela, Cecilia Suárez, Silvia Pinal, Kristyan Ferrer) y hasta quienes han hecho su carrera en televisión (Anabel Ferreira, Víctor García, Eduardo España). Ojo, no quiere decir que los actores no hayan campechaneado formatos, sugiero que esos son los medios donde han logrado mejor exposición. Pero también, y acá viene el encanto, todos han participado en algún proyecto de Franco, sea teatro, televisión o pantalla grande. Asunto no menor: en las entrevistas Franco dice que esta película fue convocar amigos; en realidad es convocar actores que él conoce para hacer un ejercicio de autorretratos, y éste es el valor secreto de Tercera llamada.

abierto-actores-con-escenografia¿Qué hacen Ricardo Blume y Fernando Luján si no es reforzar su peso teatral como actores de abolengo? ¿No se está burlando Rebeca Jones de sus aires de villana telenovelera con esta diva sarcástica? ¿Y qué tal si Anabel Ferreira con su productora alcohólica no está espejeando la decadencia que ha vivido desde que dejó la televisión? ¿Y si Eduardo España o Víctor García están de tramoyistas albureros como reflejo de sus estereotipos rijosos de la burda comedia de TV? Formalmente hay una obra coral,  y como la regla indica, hay momentos de lucimiento para cada personaje, situaciones chuscas que se ensamblan y generan la comedia desde la variedad de gags que entrecruzan y saturan al espectador de sinsentido; lo que hay en el fondo tiene más ambición: el homenaje a las distintas formas de actuar, a los distintos sacrificios y placeres que hay alrededor del misterio escénico; los actores-personajes o personajes-actores develan dobles realidades, la que les pide la trama, la que los muestra a ellos como hacedores de otras realidades.

Los mejores ejemplos de este ejercicio proyectivo están en la directora Karina Gidi, la joven actriz Irene Azuela y la asistonta Mariana Treviño, triple trevino-mirando-monologo-de-juliarepresentación de (sorpresa) el mismo Franco. Karina, porque representa el alterego del director insatisfecho, capaz de llevar a la deriva la vida personal con tal de sacar a cuestas el proyecto creativo, que necesariamente es proyecto de vida, de identidad. La actriz Irene, porque actriz fetiche de Franco, ella también es el mismo personaje de Franco que evoluciona desde la anterior película. La actriz de Tercera llamada es la Elena que decidió dejar la provincia y aventurarse a recrearse en la ciudad, biografía sublimada de Franco (y atentos: así como Elena ve morir a su madre en Quemar las naves, así también la actriz de Tercera llamada comparte casa con un cadáver viviente, antes primera actriz y ahora inmolada por el ejercicio del arte). Y Mariana Treviño debe ser el alter-ego más misterioso, pero no es gratuito que se le dé una gran escena, resuelta con solvencia, en la que se revela como aspirante a actriz de comedia musical y canta Hair como si en ellos se le fuera la vida. ¿Cuál es la parte de Franco a la que alude esta pacheca confesión musical?

Un regusto a 8 1/2 por la frustración creativa que recrea, una arrogancia coral a la Altman que qué penoso sugerirlo pero puede sostenerse sin vergüenza, algunos gags que no terminan de resolverse -porque hay que decirlo, es una película entusiasmante pero no perfecta-, Tercera llamada no se parece al minimalismo haneke-escalante-reyguedaresco de moda, a los comerciales clasistas-con-ondita de Nosotros los Nobles o a la manipulación televisiva de No hay devoluciones. Tercera llamada es un asunto personal de Franco que se resuelve convocando a su tribu: la tribu de vida, de la creación, del teatro. Tal vez eso le impida (qué triste) triunfar del todo en taquilla. Pero como ocurre con sus primeros actores, esta película va a añejar, a asentarse en las pantallas chicas y con el paso del tiempo va a decir su dicho cada vez mejor.

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Un pensamiento en “Tercera llamada: autorretratos en escena

  1. loti g dice:

    Como siempre, rufián, muy buena crítica acompañada de tu ácido e inmejorable humor. @loti_g

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