Archivos Mensuales: julio 2015

Networking & networking

Nunca me ha salido muy bien lo del networking.

Por ejemplo: me explicaban hace un mes, en los mezcales:

-Nuestra misión es simple, we: cambiar al mundo. Como lo hizo Jobs, como lo ha hecho Zuckerberg, como lo hizo Gates -hay que reconocerlo, we, ese dude cambió al mundo, aunque no nos encante la idea-. Y esa es la meta, cambiar al mundo. ¿Cómo vamos a hacerlo? Pues con pasión. Y de eso se trata, de contagiar la pasión.

-Ok…

Y hace una semana me dice otro, en un Sanborns:

-La idea es sacar una, dos chambitas, pagar las colegiaturas de las niñas, el bacacho los viernes, no creo que sea pecado un poco de ron. La pinche vida no está para milagros, está para ir saliendo. Y ahí es donde digo: donde sale uno, salen dos, cabrón. Y es eso, armarlo y ver qué puede pasar.

-Ok…

Y recordaba lo de hace un mes en los mezcales:

-Lo menos que espero: estar locos, locos, rematadamente locos de innovación, we. A mí me gusta salir de mi depa y ver innovación por todos lados: que innove la de los jugos, que innove el dude que barre, que innoven los automovilistas, o al menos que no pinches-jodan a los ciclistas y nos dejen innovar en paz. Sólo así entiendo al mundo. Innovación, innovación, innovación.

-Ok…

Y eso venía a cuento por lo del Sanborns:

-Tampoco es volvernos locos, hay que hacer lo que sabemos, ver quien lo compra, lo sacas y sacarlo bien. La gente está harta de que le vendan chingaderas disfrazadas de otra cosa. Les gusta que les digas, al chile: esto es así, y que sea así. ¿Pa qué buscarle chichis a los alacranes?

-Y sí…

Y ahí fue irremediable pensar en los mezcales:

-…convocar a los líderes, a ellos son a quienes necesitamos. Debemos estar rodeados de líderes, gente excitante, que quiere cambiar el mundo, con cosas importantes qué decir. No veo otra ruta más.

-No, ps no.

Que luego me dejó pensando, en el Sanborns:

-…nos conseguirmos tres cabrones con sus changarros, nada importante, pero que suelten cheques. Con eso la armamos. Luego ya, lo que nos importa: llevar a cenar a unas viejas, el fucho, una buena tella en la cantina…

-Y sí, sí.

Mientras que semanas antes, en los mezcales:

-Nos pivotea una incubadora, una ONG que le guste pensar diferente. Así se financió mi chava, proyecto poca madre, año y medio en Orlando, en Navidad la voy a alcanzar.

-Ya, ya.

En tanto que en el Sanborns:

-Porque sí está bien cabrón mantener a las niñas, me acaba de llegar citatorio, mi pinche ex no va a parar hasta no verme destazado. Ya el otro día saqué lo último de mi cuenta, le solté la lana, que se largue a Morelia con sus padres y que deje de chingar.

-Y así es, sí.

Luego en los mezcales quedamos que en la semana me mandaban por Dropbox el kit con la info para que aportara “algo de mí, alto neto, algo que tenga verdad”. Y en el Sanborns me dieron tres datos en una servilleta, que lo pasara en limpio y le agregara el rollo que quisiera, “invéntate algo, tú sabes cómo”.

Y ahí vamos. Yo preocupado, de lo poco bueno que soy para los networkings.

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La lectora de Agatha Christie

Coleccion-Agatha-Christie-600x341En las mañanas el café San Remo es como una Academia de Desarrollo Humano. Prefiero pensarlo así para resarcir la dignidad de los desempleados, subempleados y aspirantes no muy tenaces a empleos que lo frecuentamos. Aunque no se crea, en el turno matutino el 80% de los clientes somos lectores compulsivos, pero además disciplinados a un plan pedagógico que envidiaría el Tec. de Monterrey. Desde las ocho ya está un señor de calva incipiente que hace apuntes en un block amarillo sobre Las leyes de la atracción, convencido de que el mundo entero está fraguando algo a favor de que logren sus sueños. Otro más joven ejercita sus habilidades cognoscitivas con crucigramas y sudokus. El de traje reiterativo y peinado preciso subraya y pega post-its muy prolijos en su Introducción al PNL. Una posthippie de falda floreada y perrito impertinente escudriña manuales de Tarot y hasta ha dado consultas in situ. Otro me cae mal pero consigno su esfuerzo: grueso, bigotón, pinta de abogado, apaña las mesas cercanas a los enchufes para conectar sus tres celulares, que suenan y vibran como dependencia de gobierno. Siempre engola la voz fuerte y parece hablar de negocios rentabilísimos. Cuando cuelga, continúa revisando con esmero los análisis políticos de La Razón.

Yo participo con la tableta y mis PDFs que me enseñan a mejorar mi lenguaje corporal. He notado que ya puedo mirar directo a los ojos de mi interlocutor y enarcar sutilmente las cejas, para provocarle una impresión importante.
anciana-lectoraLa que no termina de entonar en nuestra academia es una anciana desgarbada, permanente apretado, gafapastas de antes que los hipsters fueran hipsters, que ejerce la actividad menos productiva: lee novelas policíacas. Son las vetustas ediciones de Agatha Christie, las de Selecciones de Biblioteca Oro que más tarda uno en abrirlas que en convertirlas en baraja, y tal como barajas las trae ella, y debe ser dueña de una disciplina obsesiva para mantener completos sus ejemplares. La imagino sacando sus ejemplares de un librero atestado de carpetitas y recuerdos de Morelia o Yucatán, imagino que tiene veinte o treinta tomos y que se propuso leerlos o releerlos en algún momento culminante de su vida, que pudo haber sido la muerte de su esposo, el casamiento del menor de sus hijos o su jubilación de una de esas empresas de antaño que no estaban peleadas con la antigüedad de los empleados. Los de las mesas cercanas la miramos con simpatía porque representa el ideal al que aspiramos: la vida en retiro, sosegada, con libros cómplices que nos hagan llegar al ansiado estadio de la contemplación.

Más de una vez he querido interrumpirla, pretextar una plática sobre el clima para que me comparta su sabiduría. Una anciana que lee novelas de Agatha Christie no puede ser menos que sabia. De hecho lo sería menos si trajera novelas de las que recomiendan los portales literarios. Pero un poco la timidez, otro la veneración -sería como distraer a un místico de su proceso meditativo- me mantienen apartado. De vez en cuando lanzo una ojeada para comprobar que sigue ahí, o si acaso ya se convirtió en mariposa, la más obvia de las transformaciones que preveo.

Un día estaba con ella otra anciana, más joven que ella; según entendí excompañera de la escuela -en estas colonias se conocen desde el kínder hasta el salón tanatalógico- o al menos alguien de por su rumbo. No alcancé a cazar toda la conversación, apenas fragmentos: la menos anciana contaba que su nieto estaba paliducho y ojeroso, seguro por tanto tiempo que pasaba con los videojuegos, nomás lo veía absorto frente a la tele, los ojos perdidos y dale que dale a la palanquita del juguete, la nuera se lo dejaba y se iba al yoga para resolver un problema de su cadera, pero agradecía más cuando no estaba que a su regreso, porque su teléfono no dejaba de hacer ruiditos como desposeído y ella igual que el nieto, dale que dale a dedazos el juguete; la casa se ponía peor cuando llegaba su propio hijo con ese perro chato -el peg, el puk- que le cuidaba al de la tienda.

-¿Y ya estás lista para criar a tu nieto? -preguntó la anciana lectora.

-No, no, a mí me toca ser abuela. Darle dulces y consentirlo. Ser padres les corresponde a ellos.

-Pero te lo van a dejar en tres semanas. Quizá regresen cuando tu nieto tenga 18 años para pedirle disculpas, pero mientras tendrás que cuidarlo tú.

La menos anciana se rió, como si se burlara. No es cierto, se trataba de una risa más nerviosa. La anciana lectora cerró su novela y limpió sus lentes para ver mejor a su interlocutora.

– Y si tiene ojeras no es por la tele, es porque él sabe que se va a quedar solo. Escucha discusiones en la noche y se angustia. Por eso juega con la tele, para no saber más.

-Ahí exageras, yo he leído cosas contra los videojuegos.

-Los deja idiotas, querida, así están mis nietos, pero es la evolución de la raza humana, ahí no está el problema. El problema está en que te lo dejen tanto tiempo mientras destruyen su matrimonio.

-Exageras…

-¿Tú crees que la yoga esa es para arreglar la columna? ¿Tu nuera necesita seguirla arreglando cuando regresa a tu casa y sigue con su teléfono celular?

-Debe hablar con sus amigas…

-Nunca te has asomado a las clases de yoga. Hay sudamericanos largos y sonrientes. Les acomodan las piernas para que piensen mejor. Tu nuera debe estar aprendiendo mucha filosofía…

-Ya estás chocha, ves cosas donde no.

-No, si no hace falta ver. Oyes su teléfono celular y te enteras. Eso todavía es su clase de yoga. Y si está tan absorta como tu nieto…

-Maldita perra. Le diré a mi hijo que haga algo de inmediato…

-A tu hijo le conviene. Tiene más tiempo para cuidar al perro del de la tienda.

-Esa cosa que tiene Joaquín de meterse en cosas que no debe interesarle…

-Es que le interesa, querida. Si es el muchacho de la tienda que me vende los cigarros, ya sé por qué le interesa…

Y ahí la anciana menos anciana no pareció entender. La anciana lectora se estaba aburriendo. Quería regresar a su novela.

-Tengo que sentarlos y hablar con ellos. Que lleven a mi nieto con un médico, que le den vitaminas…

-No les va a alcanzar para el médico, tienen que gastar en mudanza, abogados. Pero tú puedes hacerle una ensalada de berros y jitomate. Minerales y vitaminas…

-Te hace mal tanto tiempo sola. Piensas demasiadas cosas.

La vieja lectora la miró sobre las gafas.

-Costó trabajo deshacerme de todos para poder pensar.

La charla se desinfló y qué bueno, porque yo ya iba atrasado diez minutos pero no quería irme sin enterarme del final. La anciana menos anciana le preguntó a la lectora por su familia. Le pasaba lista de hijos, yernos, nietos, la otra respondía bien, bien, bien, como si no quisiera molestarse en comprobar que su parentela estuviera bien. Se despidieron con promesa de tomar café un día de estos. “Sí sí, algún día”, dijo la lectora, por primera vez dubitativa, supongo que no tenía el menor interés en compartir su café matutino. La otra emprendió retirada, pero a diez pasos regresó a preguntarle a la lectora.

-¿Por qué dijiste que me van a dejar a mi nieto en tres semanas?

-Porque en dos semanas marchan los mariconcitos -sonrió ampliamente -. Eso inspira a muchos a cambiar su vida. Van a estar bien todos: tu nuera, tu hijo, tu nieto. Tú.

El de los sudokus y crucigramas, que estaba tan atento como yo de la plática, parecía querer explicarle a la vieja con verticales y horizontales. Yo fui guardando tableta, cigarros, audífonos para irme también.

La vieja ahí sigue, leyendo. Sigue causando respeto. Un poco de temor también. Piensa demasiadas cosas y ahí estamos los demás, tan silvestres, tan esmerados en nuestras lecturas.

Agatha-Christie

El Mayor Tom


BIRD-PEOPLE
La película francesa
Bird People de Pascale Ferran y Guillaume Brèaud (Alas de libertad  o algo así en la traducción mexicana) cuenta dos historias que ocurren en el hotel Hilton cercano al aeropuerto de París. En la primera, un ejecutivo de Silicon Valley va a la ciudad francesa por negocios y de la nada decide renunciar a su empresa y su familia, para recorrer Europa bajo una eufórica depresión. En la segunda, Audrey, la camarera del Hilton que limpia el cuarto del empresario, sube a la azotea del hotel y se convierte en un gorrión. Apenas Audrey inicia su vuelo y uno quiere protestar por la incongruencia del argumento, empieza “Space Oditty” de David Bowie y se aplaca el desconcierto. La camarera-gorrión delira en su nueva identidad, planea por la pista de aterrizaje del aeropuerto y elucubra en todo lo que podría hacer siendo más pequeña y más ágil.

secret-life-of-walter-mitty-pic-06Hace pocos años, en La vida secreta de Walter Mitty (Stiller, 13) la canción del Mayor Tom apareció en otro momento crucial: cuando Walter, el rutinario editor de fotografía de la revista Life, debe buscar por todo el mundo a su colaborador estrella Sean O’Conell, y termina en una cantinucha de Groelandia, con un piloto de helicóptero borracho, el único que podría llevarlo al barco pesquero donde estaría Sean. Walter se rehúsa a viajar con semejante alcohólico. Lo ve irse mientras piensa en el fracaso de su misión. Entonces aparece el espejismo de Cheryl, la chica de la que Walt está enamorado, y toca la canción de Bowie en una vieja guitarra. Walter decide saltar al helicóptero y ahí se une la versión original del Mayor Tom con el guitarreo de la chica. La canción se vuelve poderosa según el helicóptero se eleva y se integra a panorámicas del mar.

David-Bowie-Space-Oddity-copyright-2012-GTVLa Wikipedia dice que “Space Oddity” (la del Mayor Tom para los cuates) se grabó en 1969 y que fue el primer éxito de Bowie. Ese año el alunizaje tenía al espacio en la mente de todos. Bowie además aludía al estreno cercano de 2001: Odisea del espacio, la obra cumbre de Stanley Kubrick que, ciencia ficción más, relumbrón técnico menos, proponía una evolución del ser humano, desde el homínido con cierta inteligencia, a esta especie de esencia cognoscitiva o espiritual, que aparecía tras el proceso de conocimiento, renuncia y abandono del astronauta Dave Bowman. Su tremendo viaje no es muy distinto al del Mayor Tom de Bowie, guiado por una torre de control que lo deja a la deriva, flotando en un infinito inquietante. El abandono de Tom semeja el rompimiento de comunicación entre Bowman con la computadora HAL 9000.

tumblr_mnhp4ysafY1rr5ifzo1_r1_500Antes que Ziggy Stardust, Aladdin o el Duque Blanco, el Mayor Tom es la primera personificación de David Bowie; y si no es explícita, sí se mantiene por lo menos durante la primera década de la trayectoria del rockstar, como si vigilara desde el espacio su evolución. No es gratuito que en 1980 le dedique otra canción, “Ashes to Ashes”, donde Bowie se refiere a Tom como un yonqui que ascendió a los cielos más altos para después caer a su punto más bajo. La mitología del Mayor Tom ha rebasado el universo de Bowie. Músicos como Elton John, Pete Schelling o Mötley Crüe han hecho referencias, directas o veladas, del astronauta. Con una perspectiva posmoderna, el Capitán Kirk de Star Trek, Wlilliam Shatner, grabó un disco rarísimo, Seeking Major Tom, en el que recoge la mitología del personaje y “recita” sus canciones. Mientras el canadiense K.I.A., con la ayuda de la cantante Larissa Gomes, se pregunta qué habrá pasado con la esposa de Tom a la que alude Bowie, en su canción “Miss Major Tom”. Y The Tea Party lo vuelve un ser cuasi divino y en “Empty Glass” le pide ayuda para saber a dónde pertenecemos porque nada tiene sentido, We need ground control / We’re losing our souls, casi reza.

En otra parte de su canción, Tea Party alude a un tiempo dorado que pasó como rayo. Esta época de oro, que podría ser la adolescencia, el idealismo o la ingenuidad por el futuro, parecería subyacer en el lanzamiento al espacio del Mayor Tom. Bowie crea su canción hacia el final de los sesenta y de su parafernalia jipi, están cerca los asesinatos de Charles Manson, el concierto fatídico de Altmont de los Rolling Stones y la disolución de Los Beatles. The dream is over, es la consigna que se escucha a la par de la canción. Los experimentos contraculturales parecían fracasados, o al menos les urgía un alejamiento que les permitiera recrearse. Desde ahí, la canción de Bowie semeja fuga o exilio. Hay que huir hacia el infinito para replantear cosas. Si nos perdemos en él será mejor, en esa pérdida podría estar la aventura.

De ahí que el uso más emotivo de la canción haya ocurrido en “Lost Horizont” uno de los últimos capítulos de Mad Men. Ahí, Don Draper precipita un viaje loco para buscar a Diana, la camarera con la que se ha estado encamando en los últimos tiempos, y de quien cree estar enamorado. Don está devastado, con dos divorcios encima, sus hijos que no creen en él, una empresa disuelta por un emporio en el que Don perdió poder e influencia. Buscar a Diana es una vía de escape y un aliciente contra las derrotas. Pero la familia de la camarera lo trata mal y le hacen ver lo imprudente de su búsqueda. En su auto, Don se enfila por una carretera angosta. Recoge a un hippie que le pide aventón. A Don no le importa llevarlo, puede hacer cualquier ruta porque en realidad no tiene ninguna. El auto se hace pequeño por la carretera cuando el Mayor Tom vuelve a aparecer, como si quisiera acompañar a Don en un viaje tan solitario como el que él hace en el espacio.

mad-men-season-7-episode-12-jon-hamm.drivingComo en Bird People y Walter Mitty, en este capítulo la canción coincide con la decisión del viaje y con el vértigo hacia lo desconocido. La canción parece un propulsor -la cuenta regresiva de la nave espacial, las alas de un gorrión, las hélices de un helicóptero- que lanza a los personajes hacia este universo peligroso o fascinante de lo que no se conoce, un territorio oscuro que se develará de a poco y que pide una temeridad distinta a lo que siempre se ha hecho. Atrás quedan las sábanas dobladas del Hilton, el cubículo de oficina de Life, las juntas creativas bajo presión de McCann Erickson. En el camino del Mayor Tom se hacen obsoletos los recursos de la rutina y la obediencia, exige en cambio el sometimiento al abismo, a la experiencia sin asideros que difumina, disuelve, pero capaz y en este proceso le otorga cierto reconocimiento a quien lo elige. 

La experiencia que propone “Space Oddity” tampoco es definitiva: las secuelas en las canciones y las continuaciones en las ficciones la presentan como un tránsito; después se regresará a lo de siempre, aunque quizá con el resabio de cierto conocimiento adquirido. Por lo menos el que necesitó Bowie para crear a Ziggy, su marciano mesiánico, o Walter Mitty para llegar al Himalaya. O Don Draper -tan cínico como triste- para crear su comercial emblemático de Coca Cola.

Don Mad Men The Milk and Honey Route

Las canciones del Mayor Tom pueden escucharse aquí.