Las crisis económicas son un palimpsesto

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En México vivimos las crisis económicas como palimpsesto. Así se le llama a las escrituras que se borran y luego se reescribe sobre ellas, después el lío viene cuando los arqueólogos o filólogos deben decidir qué escritura rescatar, si la que está en la superficie o la que se escondió por razones religiosas, políticas o sicalípticas.

El palimpsesto se encuentra en los hogares mexicanos antiguos, los de la gente grande que congrega hijos, nietos, yernos y nueras de los hijos y los nietos. En estas casas, en las que suelen festejarse las navidades o se quedan a dormir los parientes desempleados o recién divorciados, lo mismo hay sillones cursis de tiempos del milagro mexicano, que horrorosos comedores coloniales comprados en el mercado de San Ángel en los ochenta, que tocadiscos de elepés, que computadoras de escritorio anteriores y posteriores al pentium, o ataris, nintendos y playstations con sus respectivos cartuchos. Todo crea una especie de capas geológicas porque nada se tira, no vaya siendo que con la nueva crisis se necesiten.

Las crisis económicas no se resuelven, se acumulan y uno se acomoda a ellas como Dios le da a entender.

No recuerdo la devaluación del peso de 1976, que rompió el cambio fijo de 12.50 pesos por dólar y lo elevó hasta los casi 28 pesos. Según entiendo fue una crisis moral, pues tambaleó el supuesto Milagro Mexicano que tanto se cacareaba. También le añadió una raya más a la decadencia del presidente saliente Luis Echeverría, a quien se le tenía inquina por historias como los halconazos de 1971, su trato agreste con los empresarios o el desmantelamiento del periódico Excélsior. Mi Primera Devaluación 76 fue un ensayo de rumores, supervivencia y especulaciones. Un día de campo comparado con lo que se vino después.

La crisis del 82 sí la recuerdo, con resonancias míticas y simbólicas, pues me tocó de niño, cuando se quiere entender el mundo y se descubre que los padres y los tíos no son tan infalibles como la estabilidad económica les permite fingir. Antes de ella hubo una bonanza artificial que pareció noche loca de brandy San Marcos y José José cantando en El Patio. Los yacimientos petroleros estuvieron a punto de volver potencia mundial al país y vienen préstamos para explotarlos, el presidente José López Portillo acuñó esa frase tan promisoria de Aprender A Administrar La Abundancia y vienen más préstamos para más desarrollo, y el derroche y la fiesta fueron tan esplendorosos y los préstamos tan constantes, que cuando menos nos dimos cuenta se nos pasó una factura brutal. El dólar se fue de los 22 a los 70 pesos, los empresarios huyeron con sus dineros, el gobierno declaró la moratoria de pagos y la deuda externa paralizó al país.

En su informe de gobierno, José López Portillo logró una pieza del histrionismo criollo que sigue causando tanta indignación como regocijo. Su “ya nos saquearon, no nos volverán a saquear”, limpiándose las lágrimas con impotencia y nacionalizando la banca de refilón, debe ser de los momentos más apantallantes de la historia reciente de México. Lo que no había apreciado en el video: la cara de espanto del próximo presidente, Miguel de la Madrid.

No estoy seguro de que hayamos salido de aquella crisis de 1982. Debe ser que la recuperación fue lenta y agobiante: todo el sexenio de De la Madrid y al menos un tercio del de Salinas. Y ahí sí, los mexicanos entramos en una capacitación intensiva de segundos empleos, subempleos y empleos informales: toda esa colección de puestitos y servicios de vieja escuela que ahora conocemos con los términos sofisticados de free lance y emprendedurismo. Con la crisis del 82 aprendimos a vender pancita los domingos, a poner inyecciones y XV años, a llevar catálogos de Avón y Jafra a la oficina, a hacer tandas desesperadas para los útiles escolares de los hijos.

La crisis de 1982 pareció aliviarse cuando el equipazo de Salinas renegoció la deuda externa y le dio oxígeno a la economía mexicana. Para poner al país más bonito se le quitaron tres ceros a la moneda -y se escondió la inflación bajo el membrete fashion del Nuevo Peso- y hasta se trajo a Rod Stewart a Querétaro, para darnos lustre primermundista. Ya sabemos que todo se fue al garete con el error de diciembre de 1994, que se resolvió gracias al préstamo de Bill Clinton a Zedillo y a que a los mexicanos nos enjaretaron el Fobaproa que rescató a los banqueros.

La crisis del 94 la viví como poeta maldito y apenas me enteré de ella, todo era alcohol y libros y romances contrahechos, pero tengo claras montón de historias de embargos, casas en remate y chatarrización de los otrora lujosos autos noventeros. Ahora que lo pienso, parecería que las crisis económicas sirven para estratificar generaciones. Yo sentí más la del 82 como otros no olvidan la del 94-95, y algunos más insisten que eso no fue nada comparado con el catarrito de 2008, cuando llegó el coletazo de las subprimes.

La narrativa de las crisis también se ha hecho ambigua: el dramatismo de la vieja devaluación (secretario de Hacienda con rictus cejijunto y voz pastosa de quien está quemando su carrera política) se ha transformado en un comunicado discreto de depreciaciones constantes, que le quitan teatro a las crisis y las convierten en persistente chinga cotidiana. Gracias a eso la tragedia contemporánea de la paridad peso-dólar, que pasó de los doce a los 22 pesos, se resuelve en alguna gráfica nerviosa que pretende ser más pop que lúgubre.

¿De verdad podríamos asegurar que salimos de las crisis del 82, 95 y 08? En lo que se intenta una respuesta aparecen nuevos personajes siniestros, como temporada de serie de TV que insiste en llevar la catástrofe al absurdo. Los recientes gasolinazos, Trump, el aprendiz Videgaray y el muro fronterizo que no pagaremos hasta que lo paguemos, va obligando a añadir anécdotas al palimpsesto: ahora, en la casa de los padres y los abuelos, se acumularán viejas laptops, smartphones de pantallas opacas, redes sociales percudidas de consejos y lemas para sobrevivir a  la nueva y cada vez más impactante crisis.

“Al fin y al cabo que ya estamos curtidos”.

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